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EL IDIOTA: DE DOSTOIEVSKI A VON TRIER


el idiota
Una de tantas portadas de El idiota (1869). La sociedad se solivianta ante la llegada del príncipe.


ÉRASE UN CABALLERO POBRE, DE FRANCO Y AUDAZ ESPÍRITU, QUE DE VUELTA A SU REMOTO CASTILLO, MURIÓ COMO QUIEN HA PERDIDO LA RAZÓN.


Hace mucho tiempo que había oído hablar de una novela del ruso de siempre, Don Fiódor Dostoievski, el sesudo escritor, en la que se reflexiona acerca de una persona muy, muy buena que por buena sus contemporáneos llaman idiotaz. De siempre, en verdad, esta temática me ha fascinado, sentimiento que tengo por universal. Y ha sido este mes de abril cuando, por fin, he podido leer El idiota (1869), que no es breve, como sabréis, pero que quizás desconozcáis se lee con mucha facilidad, es de una enorme intensidad filosófica, sí, pero también dramática, y en todo caso resulta una lectura ágil y envolvente. Publicada por entregas en la revista literaria El mensajero ruso, los capítulos se cierran en pleno auge de la acción, que suele tomar la forma teatral de muchos personajes reunidos y en proceso de escandalizarse, ocurriendo que por un impaciente impulso la mirada resbala rápidamente al siguiente capítulo. La idea tras El idiota es doble: en verdad, el escritor busca describir a una persona cándida y transparente, ajena a las cuestiones de amor propio y con reminiscencias a Jesucristo, para analizar qué efectos provoca su persona en la gente que lo rodea, y viceversa. En una carta a un amigo poeta, Apolón Máikov, Dostoievski se explica como sigue: linea cita blog
Con El idiota, Dostoievski buscaba describir a un ser humano completamente hermoso.
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«Durante mucho tiempo me ha atormentado una sola idea, pero me ha dado miedo hacer una novela a partir de ella, porque es demasiado difícil y no estoy preparado, aunque es muy tentadora y me encanta. La idea es describir a un ser humano completamente hermoso. En mi opinión no puede haber nada más difícil, y sobre todo en nuestra época».



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Antes que admitir la bondad del príncipe, o bien lo tienen por un falso, o bien lo toman por un idiota del que sacar provecho.
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El idiota comienza con la vuelta del príncipe Mishkin, un aristócrata pobre y huérfano de unos veintisiete años, a su Rusia natal. El príncipe, que regresa para reclamar una herencia, ha vivido desde adolescente en Suiza, adonde marchó para curar su epilepsia, enfermedad que Dostoievski mezcla con una especie de deficiencia mental. La epilepsia no es el único rasgo biográfico que Dostoievski vierte en la novela, sino que también son detalladas sus reflexiones en torno a la experiencia de haber sido indultado en el último momento, justo cuando iba a ejecutarse su pena de muerte, suceso este que, nuevamente, sería descrito por Stefan Zweig como uno de los Momentos estelares de la humanidad. Como consecuencia de su vida en el extranjero, el príncipe se muestra un perfecto ignorante de las convenciones rusas. Y, sin perjuicio de que su sabiduría honda y llana sea en la mayoría de ocasiones advertida y admirada, su desinterés sobre qué piensa de él la masa social, su espíritu de sacrificio y sobre todo su humildad generan en sus compañeros una suspicacia maliciosa: antes que admitir su bondad y, si acaso, su carácter algo infantil, o bien lo tienen por un falso y un manipulador, o bien lo toman por un idiota del que sacar provecho. O, mejor sea dicho: en la mayoría de las ocasiones las emociones se mezclan, puesto que «No debemos olvidar que las causas de las acciones humanas suelen ser infinitamente más complejas y diversas que las explicaciones que de ellas luego damos y raras veces pueden ser definidas con precisión». Así lo demuestra el siguiente pasaje, uno de tantos otros en las que un admirador del príncipe, en este caso Keller, no puede evitar tenerlo por un sabio idiota:


«El príncipe miraba a Keller con extraordinaria curiosidad. Era evidente que la cuestión de los pensamientos dobles lo preocupaba hacía ya mucho tiempo.
― ¡No comprendo por qué lo llaman a usted idiota después de eso! ―gritó Keller.
El príncipe se sonrojó levemente.
―El predicador Bourdaloue no habría tenido compasión de un hombre, pero usted sí ha tenido compasión y me ha juzgado humanamente. En castigo de mí mismo y para demostrarle que estoy conmovido, no quiero pedirle ciento cincuenta rublos, déme solo veinticinco y basta. […]
Entró por fin Lébedev, que acababa de regresar, y al ver en manos de Keller un billete de veinticinco rublos frunció el ceño. Pero Keller, viéndose en posesión del dinero, ya se apresuraba a salir y desapareció al instante. Lébedez enseguida se puso a despotricar contra él».



retrato fiogor destouevski
Retrato de Fiódor Dostoievski.

En San Petersburgo, el príncipe entrará a formar parte del “rectángulo” amoroso en torno a la muy bella, muy inteligente pero muy desgraciada Nastasia Filíppovna, conformado por el rico y oscuro hijo de comerciantes Rogozhin, personificación del amor pasional; por el apuesto, galante y ambicioso Gania, hijo de un general venido a menos y que representa el amor vanidoso; y, como decimos, el propio príncipe Mishkin, que encarnaría el amor cristiano en su compasión hacia Nastasia, devenida en su adolescencia la concubina de su tutor. Tras rechazar la propuesta de matrimonio del príncipe Mishkin, humillar a Gania y marcharse con Rogozhin, Nastasia Filíppovna pondrá todos sus esfuerzos por que el príncipe, a quien quiere, y Aglaia Epánchina se enamoren y se casen. Aglaia, que es tan bella como inteligente, captura al instante la esencia del príncipe, de quien se enamora pero cuya excesiva bondad, en su faceta de ausencia de orgullo o amor propio, desespera. Así lo demuestra Dostoievski en la lectura que la joven hace del poema El caballero pobre de Pushkin, poema que conmovía al escritor hasta las lágrimas: linea cita blog
En San Petersburgo, el príncipe entrará a formar parte del “rectángulo” amoroso en torno a la muy bella, muy inteligente pero muy desgraciada Nastasia Filíppovna.
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Érase un caballero pobre,
silencioso y sencillo,
rostro sombrío y pálido
y franco y audaz espíritu.

Tuvo una visión cierta vez,
que la mente no comprendía
y honda impresión le produjo
al penetrar en su corazón.

Desde entonces su alma ardía,
no miraba a las mujeres,
se resistió a hablar con ninguna
hasta la hora misma de la muerte.

Se puso al cuello un rosario
en vez de la banda de caballero;
ante nadie levantaba
la visera de acero de su yelmo.

[…]

De vuelta a su remoto castillo,
vivió solitario y aislado,
siempre silencioso, siempre triste,
murió como quien ha perdido la razón.



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Tras una serie de eventos desgraciados, el príncipe Mishkin pierde la cordura.
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Adivináis correctamente. El poema funciona como una especie de profecía. Y son palabras del cínico de Lébedev las siguientes: «¡La ley de la autodestrucción y la ley de la autoconservación son igualmente fuertes en la humanidad!». Pues bien: todo se cumple. Tras una serie de eventos desgraciados, que culminan en el asesinato de Nastasia Filíppovna a manos de Rogozhin, quien a su vez buscará consuelo en el príncipe pues es él su rival, sí, pero también su amigo desde el principio de la novela, el príncipe Mishkin pierde la cordura, recae en la epilepsia. ¡Ese es el efecto de la sociedad en la hermosa criatura que es Mishkin! El pesimismo del escritor es demoledor. Y nos conmueve mucho más allá que el Cándido (1759) de Voltaire, pensado como instrumento satírico, y por ello no tan de carne ni tan de hueso, pero sobre todo no descrito con el cariño y admiración con las que Dostoievski dio vida al príncipe. Dice así el penúltimo capítulo, tan brillante como enternecedor, tan duro y triste como escrito con sumo amor y respeto hacia su protagonista mártir:


«Por lo menos cuando, ya después de muchas horas, se abrió la puerta y entró gente, encontraron al asesino (Rogozhin) en una inconsciencia total y con mucha fiebre. A su lado, sentado en la cama, inmóvil, se hallaba el príncipe, y cada vez que el enfermo gritaba o deliraba se apresuraba a pasarle la mano suavemente por los cabellos y las mejillas, como si lo acariciara o sosegara. Pero ya no comprendía nada de lo que le preguntaban y no reconocía a las personas que habían entrado y que lo rodeaban.
Y si el propio Schneider se hubiera presentado entonces, desde Suiza, para ver a su antiguo alumno y paciente […] habría hecho un gesto de impotencia con la mano y habría dicho, como la otra vez: “¡Un idiota!”.»



Dicho lo cual, terminada la lectura de El idiota, más bien exhausta, pensé: vaya, ¿a qué me recuerda este personaje, si no mito literario? Y bien, me dije: el príncipe y su destino me recuerdan a las películas del polémico director danés Lars von Trier, cuando hace que la trama maltrate a unas protagonistas demasiado, demasiado buenas, tanto así que parecen idiotas. Pienso sobre todo en Rompiendo las olas (1996) y Bailar en la oscuridad (2000), pero también en Los idiotas (1998) y, hasta cierto punto, Dogville (2003). Todas ellas películas duras, que admito me costaría volver a ver: tanto conmueven. Me centraré en las tres primeras, habida cuenta de que, como sabéis, conforman la conocida como Trilogía del Corazón Dorado, título que perfectamente da cuenta del propósito del escritor ruso y el director danés. Rompiendo las olas y Bailar en la oscuridad me interesan desde la perspectiva de sus protagonistas. La traslación del mito del idiota dostoievskiano en Los idiotas es más abstracta: me interesa por la conceptualización del idiota como un ser libre y rebelde, ajeno a las convenciones sociales. Por último, dejo a un lado, también, las adaptaciones cinematográficas que se han hecho de El idiota, que han sido numerosas y de entre las cuales destaca aquella de Kurosawa (1951), disponible en FILMIN. Por cierto, ¿sabíais que Andrei Tarkovski quiso realizar una adaptación de la novela…? linea cita blog
El príncipe Mishkin recuerda a los protagonistas de la Trilogía del Corazón Dorado de Lars von Trier.
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En su pueblo calvinista, Bess es rechazada por prostituta; sin embargo, en el cielo suenan sus campanas.
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Rodada con un naturalismo próximo al Dogma 95, Rompiendo las olas narra la historia de amor entre Bess y Jan en el marco de una comunidad calvinista de la Escocia de los años setenta. Jan, noruego y empleado en una plataforma de alta mar, es vivaracho y gusta disfrutar de la vida. Bess, quien es tenida en el pueblo por una buena chica con algún tipo de deficiencia pues dice hablar con Dios, se enamora de él. Tras la boda, y para desesperación de Bess, Jan se marcha a trabajar. Un accidente laboral que lo deja tetrapléjico fuerza su regreso, y con él tiene lugar el punto de inflexión de la trama. Siendo ambiguas las razones por las que lo hace, Jan pide a Bess que mantenga relaciones sexuales con otros hombres y que, después, vuelva para contárselo. Ella así lo hace, por amor a Jan. Cuando observa que sus historias parecen mejorar la salud de Jan, Bess decide sacrificarse hasta el punto de morir tras mantener relaciones sexuales muy violentas con los hombres de un barco. En su pueblo, Bess será rechazada como prostituta ―la idea de María Magdalena es recurrente en la película― y condenada al infierno. No obstante, y con un Jan milagrosamente recuperado, unas campanas sonando en el cielo cierran la película: son las campanas de Bess en el paraíso.

rompiendo las olas
Cartel de Rompiendo las olas , Gran Premio del Jurado en Cannes 1996

Tras Rompiendo las olas llegaría Los idiotas, esta, ya sí, un estricto experimento Dogma 95: tanto es así que no son raras las ocasiones en las que vemos a un cámara o a un micro filmados por error. Los idiotas cuenta la historia de un grupo de jóvenes rebeldes que viven en una casa en venta y se dedican a sacar «el idiota interior» y liberarse/burlarse de las ataduras/convenciones sociales. Por casualidad, Karen, una mujer madura y tímida, que dice no merecer ser feliz, se une a ellos, no sin expresar sus reservas hacia el juego del grupo. En un tono tragicómico, las gamberradas de los jóvenes se suceden hasta que Stoffen, su líder con aires de filósofo, reta a sus compañeros a llevar la idiotez a sus últimas consecuencias, allí donde cuenta: su vida privada y profesional. Sólo lo aceptará Karen, la misma Karen que no ha participado en cuantos retos han surgido hasta entonces ―la película fue duramente criticada por una explícita orgía, con momentos pornográficos―, y lo hará para demostrar que la experiencia/experimento ha merecido la pena. Entonces Karen, junto con la buena de Susanne, vuelven a casa de la primera. Allí se descubre que Karen huía de la reciente muerte de su hijo pequeño, de la que se siente culpable, pese a no serlo, claro. Todos en su casa, incluso su marido, la reciben con frivolidad. Cuando Karen deja sacar el idiota que lleva dentro, recibe una bofetada de su marido. Pero ella, sí, necesitaba dar rienda suelta a su pena, y es la sociedad, en este caso su familia, la que le está fallando al no darle vía libre para que se exprese. linea cita blog
Cuando por primera vez Karen deja sacar el idiota que lleva dentro, recibe una bofetada de su marido.
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los idiotas
Cartel de la película Los idiotas, segundo largometraje de la Trilogía del Corazón Dorado de Lars von Trier.

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El único consuelo de Selma, ya medio ciega, es imaginarse protagonista de un musical.
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Con Bailar en la oscuridad, que se encuentra disponible en FILMIN, Lars von Trier cierra su Trilogía del Corazón Dorado. Dando un giro de tuerca al género musical, de siempre el género más happy, Bailar en la oscuridad habla de Selma (interpretado por la cantante Björk), una inmigrante checa que trabaja en una fábrica del Nueva York de los sesenta y que sufre una enfermedad hereditaria que la está dejando ciega. Con ánimo de que su hijo no sufra su misma enfermedad, operable quirúrgicamente, ahorra cada céntimo en una hucha que guarda en su casa. Su único consuelo es, de cuando en cuando, imaginarse protagonista de un musical. Pero cuando, a petición de un amigo y vecino que le ha robado el dinero, Selma le dispara hasta la muerte, su vida, ya de por sí trágica, se complica aún más. Selma es juzgada por asesinato y condenada a la pena de muerte. Cuando sus amigos, entre los que se encuentra Catherine Deneuve, descubren dónde está el dinero, deciden contratar a un abogado, pero Selma entrará en cólera: ese dinero, dice, es para curar los ojos de su hijo. Y así, en consecuencia, morirá la buena de Selma.

bailar en la oscuridad
Cartel de Bailar en la oscuridad, Palma de Oro en Cannes 2000.

Entonces, en vista de todo lo anterior, ¿cómo quedaría perfilado el mito literario del idiota de Dostoievski, que Lars von Trier lleva a la gran pantalla? En mi opinión, diría que como un individuo cándido e infantil, con una sabiduría propia y bondadosa, pero que resulta trágicamente incomprendido por cuantos le rodean. Asimismo, lejos de defenderse, como en último término hace Nicole Kidman en el papel de Grace, en Dogville, el idiota dostoievskiano acepta su destino, se sacrifica en la consecución de sus ideales: compasión en el caso de Mishkin, amor romántico en el caso de Bess y amor filial en el caso de Selma. Y, sin embargo, ha sido una sorpresa descubrir que se ha escrito poco sobre esta herencia mitológica de Lars von Trier. El mejor artículo que he encontrado se titula La figura el idiota de Dostoyeski y sus reescrituras literarias y cinematográficas, y lo firma Pilar Andrade Boué, de quien tomo esta última reflexión de despedida, queridos Egonautas: linea cita blog
El director danés queda fascinado por el idiota de Dostoievski, pero ejerce toda la violencia posible sobre él.
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«Un cineasta cuya filmografía ha ahondado en temas muy similares a los tratados por Dostoyevski en su novela es Lars Von Trier. Este realizador danés mantiene una actitud contradictoria frente al personaje del idiota, pues al mismo tiempo queda fascinado por él, pero ejerce toda la violencia posible sobre él a través de los demás personajes».




* Para este artículo, las citas de la obra El idiota se corresponden con la edición de Penguin Clásicos, 2018.
Publicado el 27/04/2020



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