¿Qué es el lenguaje cinematográfico y cuáles son sus elementos?

De la misma manera que las artes plásticas y la literatura tienen sus unidades esenciales desde las que generar la creación (en pintura, la composición y el color; en literatura, la palabra), el cine cuenta con dos materias primas genuinas exclusivas para la creación del artefacto cultural y artístico (y también comercial) que constituye una película: la imagen en movimiento y el tiempo.

El autor trata esas materias primas a través de un proceso, interno y externo, por el que su imaginación se convierte en una plasmación intelectual y sensorial concreta. En ese proceso, los códigos inherentes al cine como medio expresivo, que se conocen como lenguaje cinematográfico, juegan un papel fundamental.

Por eso, es indispensable comprender y dominar con soltura el lenguaje cinematográfico, cuáles son sus características y elementos vertebradores, pues de lo contrario no puede llegar a crearse una obra cinematográfica plena. La inmersión en la tradición (esto es, el visionado de los clásicos) nos recuerda cuáles son los poderes fundacionales del lenguaje cinematográfico, que luego se han ido entretejiendo y complicando para lograr experiencias audiovisuales cada vez más innovadoras.

Precisamente, el curso online de DaVinci Resolve de nuestra Escuela de cine comienza con varios capítulos dedicados a explicar el lenguaje cinematográfico: sin esos antecedentes teóricos, de poco sirve el manejo más depurado de la técnica y la informática para ser un profesional cualificado del cine y el audiovisual.   

 

Einsenstein trabajando en un montaje.

 

Características del lenguaje cinematográfico

El lenguaje cinematográfico es lo que permanece en toda la rápida evolución técnica y tecnológica del cine, es la sustancia que late en cualquier película u obra audiovisual: es el medio mediante el que la historia (y la interpretación que el director hace de esa historia) se cuenta y se comprende.

Una buena película o un buen producto audiovisual son eficaces cuando el cineasta consigue dos objetivos:

1) Mostrar la historia y lograr que los espectadores la entiendan y se identifiquen con los personajes

2) Transmitir un determinado estado emocional y unas sensaciones deliberadamente buscadas.

Que se alcancen esos objetivos, además de la destreza en la ejecución, depende de una preparación y planificación meticulosa de la obra cinematográfica o audiovisual, de manera que se utilicen los recursos idóneos para obtener el efecto perseguido.

Por tanto, el lenguaje cinematográfico consiste en una cuidada operación de planificación mediante la que sus elementos, de forma aislada e interactuando entre sí, se ordenan y dirigen al cumplimiento de las intenciones estéticas y éticas del autor, y de cómo aspira a que estas impresionen (se comuniquen) con su audiencia.

 

 

 

¿Cuáles son los elementos del lenguaje cinematográfico?

Los elementos esenciales del lenguaje cinematográfico son: el plano, el ritmo, el montaje, la luz y el color y el sonido. La combinación inteligente, persuasiva y ordenada de estos elementos (siempre con un margen para la improvisación, que ofrece resultados mágicos por espontáneos e inesperados) producirá una película o una obra audiovisual adecuada a los fines a los que tendía su director. Cada elemento aporta un matiz expresivo a la película, y es su unión la que conforma un todo cognoscible para la audiencia (deberían evitarse los ejercicios superfluos que no sean consecuentes con lo que se pretende contar o transmitir).

En el curso online de DaVinci Resolve de la Escuela de cine, a través de las prácticas de montaje (planos y luz) y edición (colores y sonidos), podrás aprender cómo los conceptos del lenguaje cinematográfico se aplican de manera directa en la realización satisfactoria de cine y audiovisuales. Corresponde analizar ahora, individualmente, cada uno de esos elementos del lenguaje cinematográfico.

 

Nolan planifica una escena de Dunkerque (2017).

 

El plano

Los códigos de lenguaje cinematográfico que afectan al plano son:

  • Su tamaño. Se define por la parte del personaje y del entorno que proyectamos en pantalla. Desde el plano detalle al plano panorámico, pasando por el primer plano y el plano americano, cada uno de estos tipos de plano aporta valores narrativos específicos, más descriptivos o sentimentales (lo que, de por sí, ya orienta su utilidad para la realización y el montaje), como se expone mediante ejemplos en el vídeo que acompaña a este artículo.
  • Su encuadre y composición. Esto es, la organización de los personajes y los objetos en el espacio (en el espacio real y en el espacio que enmarca la lente de la cámara que lo graba, lo que vemos), en lo que interviene de manera rotunda la visión del director (la “puesta en escena”, que suele ser el sello, la marca que impregna la autoría), y la habilidad técnica de la dirección de fotografía. Sin que la imagen cinematográfica deba confundirse con la pictórica, pues la primera tiene movimiento real y la segunda solo puede figurarlo, conviene estudiar las grandes pinturas de los siglos XVI a XX para descubrir, y así poder utilizar e innovar, sus mecanismos compositivos.
  • Su punto de vista y la angulación. Los planos picados (inclinados verticalmente de arriba hacia abajo, y que “rebajan” al personaje) o contrapicados (inclinados verticalmente de abajo hacia arriba, y que magnifican al personaje), o los planos aberrantes (aquellos con una inclinación acentuada en su línea horizontal, de más de treinta grados), refuerzan los ejes compositivos por los que se desplaza nuestra mirada inconscientemente y también interfieren, de forma singular, en nuestra percepción de estabilidad o desequilibrio. Por otro lado, un plano colocado desde los hombros del personaje (el célebre contraplano) parece que nos sumerge más en la escena, que intercambia la alteridad subjetiva del personaje por la nuestra.
  • Su profundidad de campo. Una mayor profundidad de campo equivale a un mayor enfoque del fondo, del conjunto de la imagen. A través de las lentes y una previa planificación del lenguaje cinematográfico, podemos concentrar la atención del espectador en un algún elemento que aparezca en el plano. También concierne un dilema ético, porque la tendencia a desenfocar exageradamente los fondos oculta información al espectador, acostumbrado a ver nítido el mundo, por cómo funciona nuestra mirada natural.
  • Su movimiento. Hay que subrayar lo que, aparentemente, suena a contradicción: que un plano estático puede estar lleno de movimiento, mientras que un plano en movimiento puede resultar aletargado y poco dinámico. Pues el pulso, el ritmo, depende principalmente de cómo se capte la vida que transcurre delante de la cámara. No debe equivocarse movimiento con dinamismo. El exceso de movimiento puede resultar contraproducente.

 

 

El ritmo y el montaje 

En cada fotograma de una película el tiempo externo (el real) está presente, porque, como defendía Tarkovski, el tiempo es la materia prima de las obras cinematográficas y audiovisuales. Sin embargo, el tempo (el tiempo interno de la propia obra) es lo que define el ritmo: es la percepción psicológica de cómo transcurre ese tiempo real que indeleblemente está grabado en la imagen.

El ejemplo evidente son las elipsis, supresiones del tiempo real que aceleran el tempo, y los flash-backs o los flash-forward. Esto es crítico porque, mientras que la lectura de un libro está pensada como una relación fragmentada e interrumpida que se retoma por decisión del lector, el visionado cinematográfico se piensa para un tiempo de contemplación previamente organizado, continuo y dirigido.

En este sentido, la duración de los planos (un plano más largo tenderá a un ritmo reposado porque el espectador necesita más tiempo para captar toda la información), la intensidad dramática (una película de aventuras, de acción, tendrá un ritmo más trepidante; mientras que una dramática, hasta su eclosión, avanzará con más pausa para que se desarrolle la transformación honda de los personajes) o el montaje (la frecuencia de sucesión de planos, por ejemplo) son los factores del lenguaje cinematográfico que más afectan al código del ritmo de una película.

Según Griffith, Eisenstein o Welles (los grandes precursores y renovadores del montaje), que en esto se oponían a Tarkovski, el elemento capital del cine como arte autónomo es el montaje; para ellos representa, y coincidimos, el elemento del lenguaje cinematográfico que más condiciona cómo se cuenta una historia y qué se logra transmitir con ella.

El montaje no solo ordena los planos para formar una obra que fluya narrativamente con sentido (e incluso con atractivo), sino que la elección sobre cómo se ordenan los planos influye, decisivamente, en los significados que se comunican o que recibe el espectador (o que imagina por sí mismo, algo maravilloso que eleva la película a la categoría de arte), ya que el material para montar una secuencia se puede estructurar de múltiples formas y cada una produce un efecto.

Eminentemente, una obra cinematográfica o audiovisual es montaje o no es, y en ello se detiene el curso online de DaVinci Resolve, que dedica un módulo entero a explicar los conceptos y las técnicas de montaje.

El montaje no solo es un proceso a posteriori, una vez se ha grabado el material, sino que exige una previa planificación (realización) de la secuencia, para que ya se grabe con un cierto sentido y significado.

Juegan un papel decisivo cuatro reglas: la de la fragmentación (en cuántos planos se divide la escena, o si se opta por una continuidad mayor mediante planos secuencia), la del rácord (de la continuidad en la disposición de los objetos, de las interpretaciones, de la luz… a pesar de que un rodaje es un trabajo que se corta cada pocos minutos), la regla del eje (se traza una línea en el medio del espacio, línea que la cámara no puede cruzar para no desorientar sobre la ubicación de personajes y objetos) y la de los treinta grados (para que el montaje fluya y no chirríe, los planos consecutivos deben presentar una variación de posición de, al menos, esos treinta grados).

 

Esta escena El Acorazado Potemkin (1926), de Eisenstein, demuestra cómo el montaje se diferencia su tempo narrativo, alargado dramáticamente, del tiempo real que hubiera regido lo hechos reales.

 

La luz, el color y el sonido

La luz y el color, mediante la utilización de códigos visuales universalmente asociados y aceptados por los espectadores (cada tono se vincula psicológica o simbólicamente a una emoción, tanto por la respuesta sensorial instintiva como por la cultural adquirida) permiten que el lenguaje cinematográfico incida en las emociones y percepciones de los espectadores de películas u obras audiovisuales, normalmente de una manera intuitiva y sutil pero profunda.

La paleta de colores, o la intensidad y el contraste de la luz (natural o artificial), reproducen (representan) una atmósfera cromática y lumínica que perfila una identidad característica, a veces muy personal, respecto de lo que cuenta y comunica la obra cinematográfica o audiovisual; además de que permiten acentuar clímax dramáticos o destacar personajes y objetos dentro de las escenas.

Por otro lado, el sonido y la música también son elementos distinguidos del lenguaje cinematográfico, como se enseña en nuestro Curso online de Producción de Bandas Sonoras. Pueden acompañar y enfatizar lo que se ve en la imagen, pero también puede independizarse de ella e incluso contradecirla, por lo que es pertinente valorarlos como elementos con entidad propia dentro de los códigos inherentes al lenguaje cinematográfico.

Es más, como el sonido tiene un efecto mucho más subliminal en el público, más inconsciente (la imagen siempre es mucho más explícita), suponen un fértil campo para la experimentación y la creación más atrevidas tanto en los aspectos narrativos como estéticos del lenguaje cinematográfico.

 

Aprende a aplicar el lenguaje cinematográfico con nuestro Curso online de Da Vinci Resolve

En nuestra Escuela de cine, podrás estudiar este Curso Online de DaVinci Resolve avalado, seguro y completo sobre las utilidades de este programa especializado en la edición y el montaje de vídeo. Nuestros módulos de vídeo que duran 12 horas, los apuntes virtuales que podrás descargarte, las prácticas que te proponemos y la experiencia profesional del profesor, Rubén Gabriel, son los recursos pedagógicos que te permitirán dominar algunos conceptos y técnicas del lenguaje cinematográfico, así como la interfaz de DaVinci, uno de los programas más utilizados en el sector para el montaje, la edición y la posproducción.

 

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